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Órale

14 Jun

Órale, va. Yo le entro a eso de la botella. Y si yo le entro, todos le entran, ¿eh, putos?  Nada de que se rajan, luego van a terminar hablándole a la Innombrable. No, wey, no. No quiero hablar de esa vieja. Mira, yo ya. Eso es del pasado. Ni eso, wey, en serio, aunque te rías, pendejo. Se los digo porque ustedes si son pura sangre, banda acá chida, mis placas, pues. Y neta, yo por mis placas, ¡uf!, ¡todooo!

Pinche, Carlos, cabrón, no te rías. Yo lo único, lo único que quiero es lo mejor para ustedes. Yo qué, wey. Yo ya me jodí. Lenin como quiera sobrevive. La vida me ha madreado cabrón, pero de los errores se aprende. Se aprende un chingo, wey. No, wey, no, no lo digo porque esté pedo. No me he echado ni una chela, wey. Mañana hay examen. Yo ya estudié un putero, la neta, pero quiero llegar acá chido, mañana. Que no, wey, que no he chupado nada. Yo estas cosas se las digo desde adentro. A ustedes también, chavas, aunque se hagan las que ni me pelen. Les juro por esta que no he conocido mejores chavas que ustedes, neta. Siempre ahí para ayudar a Lenin.

No, wey, no. No me voy a callar. ¡Tu puta madre se va a callar! Lenin no se calla nunca. Y yo sé, neta que yo sé que por eso así como que no he tenido así muchos compas. Pero me vale madres, wey. Yo como soy y a quien no le parezca, pues la bendición: En el nombre del Padre y a chingar a su madre. Yo no voy a cambiar por nadie, eso que quede bien pinche claro. Yo por eso sí los quiero mis placas, ustedes sí me valoran.

No, wey, pérate. Ahorita le hacemos a eso de la botella, deja termino. Bueno, no, tons no, wey. Ya no juego entonces. No, no hago berrinche, wey. Nomás ustedes que están de pinches necios, que la botella, que la botella, ¡que la puta botellaaa! ¿Y dónde queda la convivencia? ¿Qué-qué? ¿Convebencia? No mames convebencia. Esas son chingaderas, wey. Mira, yo con mis supuestos compas me empedaba así a cada rato, pero pues nunca hablábamos acá chido. Por eso los mandé a la verga. Por eso y porque me tenían envidia. No, pinche Brenda, aunque te rías. Tú segurito sabes de eso. Cuando al gente acá como tú y yo, le echamos huevos a la escuela, pues los demás se emputan. Que si qué matados, que si no sé qué, que si la chingada. ¿Sabes que digo yo a eso, Brenda? ¡Ladren, perros! ¡Ladren! No, wey, no, no es mamada. ¿O a poco no, Brenda? Lenin sabe quién es en la vida. Mis papás no me pusieron por nada este nombre rompemadres.

Ya pues, órale, con su pinche botella. Pero primero díganme cómo va la movida. No, wey, no sé. Te vale madres, puto. Ajá. Así que como quien dice uno pregunta y otro contesta. ¿Lo que sea? Pero lo que sea, ¿eh? No vayan a salir de galletones, que ay, no, que otra cosa. A ver, ya, dale a esa mamada. ¿Qué? ¿Ah? Yo le pregunto a Brenda. Ah no. Ella me pregunta mi. Con todo, pinche Brenda. Lenin te lo va a responder todo. No. De la Innombrable no. ¿Qué paso, Brenda? Eso es placa. No, wey, pinche Carlos, cabrón. Yo ya les dije que de esa vieja no quiero hablar ni madres. Esa vieja ya me hizo muchas mamadas. Yo a la vida sólo le pido lo que me merezco. Nada más, wey, nada más.

¿Qué? Bueno, va. Otra pregunta. Vas, Brenda. Ahora sí. Lo que sea pero no de la Innombrable. ¿Qué? Ah no. No mames. Eso es placa. Ni madres. No voy a hablar de eso. No, wey, no. Eso es placa. Cómo qué si ya lo hice. No voy a contestar eso. Me vale pito lo que piensen. Cómo hablar de sexo. Además que lo preguntes tú, Brenda. Ni madres. Cállate, pinche Carlos. No te rías. Yo no hablo de eso porque son mis principios, wey. Los tienes que respetar, pendejo. Ya, wey, ya. Sí, soy virgen, ¿y qué? Mira, yo hasta que lo haga lo voy a hacer con la mujer que de verdad amé así cabrón. Y sólo para tener hijos. Porque profanar el cuerpo de una mujer así… No, wey, no. Nomás porque es mi obligación de hombre, wey. A la mujer hay que saber respetarla. Yo no sé esos pendejos que se acuestan con sus novias antes de casarse. Neta qué asco, wey. Y no lo digo por ustedes, eh?

No, no, déjenme terminar. No, pinche Carlos, respeta mis ideas, wey. Pues te vale madres entonces. Yo ya mejor me voy mucho a la que ya conocen, putos. Si salieron todos iguales, pinche bola de hipócritas. Ni tú te salvas, pinche Brenda. Por juntarte con estos putos vas a terminar mal. Pero van a ver. Lenin estará solo, pero lo está porque está en la cima. ¿Eh? ¿Eh? Van a ver.

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Estrategias de combate oníricas

6 Feb

Estamos en guerra. Lo sé porque las calles lucen vacías y hay cadáveres sobre las aceras. Sé que estoy al mando porque camino confiada con una pistola muy grande en la mano (aunque ni siquiera sé cuál es su nombre o el calibre de sus balas). Un pelirrojo muy guapo camina frente a mí. Es muy alto y fornido y cuando por fin lo alcanzo, noto que lleva barba. Hace un amago de sonrisa.

Conversamos. Le digo que para mí es más fácil ir al centro de cómputo e imprimir ahí las constancias, pero él insiste en que trabajaríamos mejor en la biblioteca. En un cubículo, pienso. Digo. No sé. Hace tanto calor ahí, con esos ventanales tan amplios por donde entra el sol toda la tarde. ¿Por qué nunca podemos tener un invierno decente con frío de verdad? Aquí todo son mariconadas. En el centro de cómputo una mujer me detiene para pedirme un kleenex. Su nariz es un torrente de mocos. Encuentro odiosas a las personas ajenas a la institución que ocupan computadoras que nos pertenecen a nosotros, los encargados. Institución, qué palabra tan rimbombante. Pelirrojo Guapo, sin embargo, está de acuerdo conmigo. Nos marchamos sin pagar: estamos en guerra.

Constancias, mapas y reportes hechos, me encuentro con una rubia en el centro. Debo ponerla al día. No va a durar, me digo. O quien sabe, tiene una sonrisa ancha y muy blanca que deja a la vista sus encías; seguro luce muy agresiva mostrando los dientes con rabia. Le veo madera de villana mientras la oigo hablar de su extenso curriculum. El sol le ha manchado la cara y parece mucho mayor de lo que me dice que es. No importa. Le entrego sus papeles y el pastel que su madre le envió. Me da un beso en la mejilla y comenzamos a caminar hasta la base militar.

Es un edificio pintado de color bronce con un gigantesco globo terráqueo de oro en la punta. La fuente en la entrada salpica tanto que Rubia y yo debemos cubrirnos la cara. “¿Es aquí?”, pregunta Rubia. No lo sé. Inclino la cabeza con el ceño fruncido. Creo que este es el Tec Regional. Me excuso con Rubia diciendo que generalmente voy por Mariano Escobedo en el sentido contrario y que el cambio me ha desorientado (lo cual en parte es verdad, en ocasiones me encuentro yendo por calles conocidas en el  sentido contrario del habitual con la sensación de estar entrando en Narnia o el Callejón Diagon. Todo parece tan nuevo). Pelirrojo Guapo se queja de que la arquitectura de nuestra universidad sea tan ordinaria en comparación al Tec Regional y después cruzamos corriendo la fuente hasta el cuartel.

La guía de turistas explica que es justo aquí donde se asesinó al primer indio conchero y que a tan sólo tres cuadras es posible encontrar el monumento en su honor. Interrumpo su explicación para aclararle a los gringos que no, que el monumento se ha perdido, que se lo llevaron los rusos. Rubia, ahora con más manchas y más encías, aunque extrañamente más hermosa, se ríe bajito. La guía de turistas se echa a llorar. El monumento lo tenemos nosotros, almacenado en un Comercial Mexicana.

Pelirrojo Guapo luce serio junto a una lata de frijoles y un viejo letrero de Mamá Lucha. Me dice que la guerra ha terminado. Sólo necesitamos ir a firmar y entregar nuestro kardex. Perfecto. Nos sentamos por última vez en nuestra mesa favorita de la biblioteca y nos dividimos las ganancias.  Estamos a punto de despedirnos pero de pronto él sugiere que los soldados deben recibir alguna especie de compensación. Yo lo tranquilizo diciendo que escribiré al Papa Francisco para que les compre laptops a todos. “Pide también una para ti”, agrega señalándome con el dedo. ¡Es lo menos que puede hacer el Vaticano!  Me da las gracias por todo, un abrazo y un beso rasposo y húmedo en la comisura de los labios.

Me alejo sonriendo, aunque no tanto como Rubia, que con sus enormes encías se acerca hacia mí.